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MINUTO DE RECOGIMIENTO: Continuación HE AQUÍ…A DIOS…del libro de Ramtha. 

Por Elvia M. Pacheco de Puche.

El cuerpo que habitas es una magnífica creación de los dioses: tú y tus amados hermanos de vida. Fuiste creado/a, para que tú, una Esencia invisible de pensamiento y emoción, pudieras tener un intercambio con la vida que creaste sobre este planeta. La criatura llamada hombre o mujer, fue creada simplemente como un vehículo de expresión, de forma que, a través de los sentidos del cuerpo, todas las creaciones de este plano pudieran ser experimentas y entendidas por los Dioses que las crearon en el principio.

El cuerpo fue creado para albergar un sistema eléctrico muy complejo de variables de Luz que forman y constituyen la verdadera entidad del Yo. Lo que realmente eres no es el tamaño de tu cuerpo. Eres un punto de Luz diminuto. En la pequeñez de tu Ser se acumula todo lo que has sido desde que naciste de Dios, tu Amado Padre Creador.
Tú, el principio-Dios, no eres una entidad de carne, sino un principio de Luz redondeada e incandescente de energía pura que vive dentro de un cuerpo con el fin de obtener el premio de la vida creativa, llamada emoción/sentimiento. Lo que realmente eres no es lo que habitas, sino lo que sientes. Se te conoce por tus emociones/sentimientos, no por tu cuerpo.
Lo que realmente eres es Espíritu y Alma, una entidad de Luz y una entidad emocional combinadas. Tu Espíritu, este pequeño punto de Luz, rodea todas las estructuras moleculares de tu cuerpo, por lo tanto, alberga y sostiene la masa corpórea de tu cuerpo. Tu alma vive dentro de la masa, cerca del corazón, en una cavidad bajo una coraza de hueso en donde nada existe, salvo energía eléctrica. Tu alma registra y almacena en forma de emoción o de sentimiento, cada pensamiento que hayas tenido. Es a causa de la colectividad única de emociones almacenadas en tu alma que tienes una identidad-ego, una personalidad-yo única. El cuerpo que habitas es simplemente un portador, un vehículo escogido y refinado, gracias a tu vehículo, tu has sumido en la ilusión o que tu cuerpo es lo que tú eres. Pero no es así. Así como Dios no tiene imagen, tú tampoco.
GRACIAS POR PERMITIRME COMPARTIR ESTOS MINUTOS…RECUERDA SIEMPRE: AMAR A QUIEN MENOS SE LO MERECE…PORQUE ES QUIEN MÁS LO NECESITA.
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